Sé
La energía de la palabra escrita se transforma rápidamente en una verdad. Una “verdad” que nace, se transforma y se propaga, hasta llegar a saturarse (se cansa de existir) y sola se convierte en lo que siempre quiso… una palabra sin sentido, desordenada y llena de sabiduría. Sabiduría que tuvo que transitar por muchas hojas, muchas mentes, muchas bocas, muchos corazones. Sabiduría contenida en la palabra, que desde un principio hablaba “la verdad”, esa “verdad” que a nadie le dice nada, solo sirve de alimento, para contribuir con el ciclo de dulces muertes e incandescentes nacimientos de luz. Quien las digiere, las transforma según su organismo mental este funcionando en función de un cosmos que le habla por medio de signos, que alguna vez fueron palabra, y ahora, ya transformadas, propagadas y saturadas, se dan el lujo de no existir, se dan el lujo de ser, de hacer, de trascender y dar a entender la luminiscencia del saber. Un objeto nace de la palabra. La palabra da la forma, la palabra da el poder, la palabra da y da, nunca esta restando. Una palabra solo vive unos cuantos milisegundos, y una vez activada, como un poderoso rayo llena cada átomo existente y lo acelera para darle vida. Nace de la palabra, el amor. Miles de poetas han logrado ya transmitir a nuestros átomos la demencia del amor, balanceando los polos de nuestra esencia para convertir el mundo en un caos divino, un caos que va generando conciencia a niveles muy altos, devolviéndonos los sabios sin-sentidos del ser. Soyser, eresser, esser, somosseres, soisseres, sonseres. Sé, no es mas, solo eso se. Verdad o no verdad, es lo único, sé, solo sé.

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